
Entre las historias de dolor y ruina que nos llegaron desde la oscuridad desde aquel entonces, hay sin embargo algunas en las que en medio del llanto resplandece la alegría, y la sombra de la muerte hay una luz que resiste. Y de estas historias la más hermosa a oídos de los Elfos es la de Beren y Lúthien.
Se dice en la balada de Leithian que Beren llegó tambaleándose a Doriath, con cabeza cana y como agobiado por muchos años de pesadumbre, tanto había sido el tormento del camino. Pero errando en el verano de los bosques de Neldoreth, se encontró con Lúthien, hija de Thingol y Melian, a la hora del atardecer, al levantarse la luna, mientras ella bailaba sobre las hierbas inmarcesibles del claro umbroso junto al Esgalduin. Entonces todo recuerdo de pasado dolor lo abandonó, cayó en un encantamiento; porque Lúthien era la más hermosa de los hijos de Ilúvatar.
…Beren: “Mi destino, oh Rey, me condujo aquí, a través de peligros que aun pocos entre los Elfos se atreverían afrontar. Y he enontrado aquí lo que en verdad no buscaba, pero que ahora quiero tener para siempre. Porque está por encima de la plata y el oro, y ninguna joya se la iguala. Ni la roca, ni el acero, ni los fuegos de Morgoroth, no todos los poderes de los reinos de los Elfos me separarán del tesoro de mis deseos. Porque Lúthien, tu hija, es la más bella de todas las Criaturas del Mundo.

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